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Una semana por la Santísima Madre

Esta semana tenemos dos celebraciones maravillosas en honor de la Santísima:   el martes La Fiesta de su Inmaculada Concepción y el sábado la Fiesta de N.S. de Guadalupe.

Obviamente el Adviento es un tiempo muy apto para celebrar la memoria de nuestra Santísima Madre – sin ella, ¡no habría el Adviento!

La Solemnidad (La celebración más alta de la Iglesia como Navidad, Pascua y Pentecostés) es especialmente importante para nosotros aquí en los EE.UU. porque es bajo este título, N.S. de la Inmaculada Concepción, que ella es la patrona de nuestra nación.  María, que sola entre todos los seres humanos (salvo su Hijo) es sin pecado, es nuestro ejemplo, nuestra protectora y nuestra inspiración.  Ninguno de nosotros jamás igualará su santidad, su entrega de si misma a Dios, pero podemos hacer los mejores esfuerzos para  imitar su aceptación de la voluntad de Dios:  “Hágase en mí tal como has dicho.” (Lc. 1.38)

María no tenía ni idea de lo que le pedía Dios.  Todo lo que entendía es que le pedía ser la madre de su Mesías.  Para nosotros éste puede parecer maravilloso, pero para María había un obstáculo muy grande:  ¡no tenía esposo!  Ser madre no-casada en los años 6 A.C. no fue posición feliz.  Todos la habrían despreciado, habría deshonrado a su familia, y es muy probable que hubiera sido rechazada por ellos.  Escuchamos una indirecta de este en el evangelio de San Marcos:  “No es más que el carpintero, el hijo de María.” (Mc 6.3)  Referirse a alguien como el hijo de su madre fue ¡el insulto último! Y María habría entendido muy bien las implicaciones de lo que le pedía el ángel.   Por eso pregunta:  “¿Cómo puede ser?”  No está haciendo una pregunta de la biología sino una pregunta muy práctica:  “¿Cómo puedo yo hacerlo sola?”  Al recibir la respuesta que será la obra del Espíritu Santo María acepta la petición aunque no entiende precisamente como va a desarrollarse.

¿Cuántas veces sentimos que Dios nos está llamando para hacer algo pero tememos aceptar su invitación porque ¡no tenemos todos los detalles elaborados!  En María podemos reconocer ella que se confió totalmente en Dios y en su cuidado para ella.  No importa lo que le pidiera, lo haría porque sabía que él le daría todo lo necesario.

En N. S. de Guadalupe reconocemos ella que casi no podía contenerse para llevar a una raza nueva a su Hijo.  Su aparición a San Juan Diego ocurrió solamente 12 años de la conquista de México por los españoles - ¡Solamente 12 años!  ¿Cuánta gente en México en este tiempo habría escuchado la Buena Nueva?  ¡No mucha!  Pero María viene para confirmar su cariño y su amor para con ellos (y nosotros también – es la patrona de todas las Américas).  Dediquemos esta semana a María y a seguir su ejemplo, confiados en que nos llevará indefectiblemente a su Hijo.

P. Roberto.
 
 
 
 
 
   
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